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La candela no se vende... y el agua tampoco
“El agua y la candela son comunes, al igual que la sed y el frío, por eso nadie lo puede mezquinar”, dicen los indígenas y, por las muestras de descontento dadas, están dispuestos a hacer valer sus convicciones
“El agua y
la candela se comparten”, aseguran los ancianos de los pueblos kichwas de la
sierra ecuatoriana. Por eso no comprenden por qué se intenta vender las fuentes
de agua o los cauces de los ríos: “¡La candela no se vende… y el agua tampoco!”,
dicen.
La convicción de los indígenas fue plasmada en varios artículos
—en especial los artículos 3 y 12— de la nueva Constitución ecuatoriana que
establece que el agua es un derecho humano y no podrá ser privatizada, ni será
sujeto de embargo o confiscación. De igual manera se establecen las prioridades
de su uso, siendo el prioritario el consumo humano; le siguen en orden de
importancia el riego para la producción agrícola, el abrevadero de animales y
acuacultura que garantice la soberanía alimentaria; la conservación del caudal
ecológico; actividades productivas; y actividades recreacionales y culturales.
Los principios establecidos en la Constitución deberían orientar la
legislación secundaria y los planes de desarrollo del gobierno. Sin embargo, la
nueva Ley de Recursos Hídricos que se está tramitando en la Asamblea Nacional
contiene una serie de disposiciones que contradicen el espíritu
constitucional.
Uno de los puntos más controvertidos lo genera el
artículo 3 del proyecto de ley que, precisamente, habla de la prohibición de la
privatización del agua. Establece que están prohibidas las concesiones a
empresas “exclusivamente privadas”. Sin embargo, el analista ambiental Ricardo
Buitrón precisa que “el artículo 3 deja la posibilidad de crear corporaciones
mixtas entre los gobiernos locales o el gobierno nacional con grupos
empresariales privados para comercializar el agua”.
Los ejemplos de esta
forma de apropiarse del agua y generar negocios muy rentables se pueden
encontrar en diversas alcaldías del país y, a futuro, las empresas privadas que
actualmente son concesionarias de agua pueden transformarse en empresas mixtas
para seguir lucrando.
Por otra parte, el proyecto de ley tampoco
establece cómo el Estado recuperará las concesiones otorgadas a empresas
privadas que están operando en la actualidad o cuál es el nivel de privatización
que alcanzan los servicios derivados de la distribución de agua, como son la
medición del consumo, la facturación, la instalación de infraestructura, entre
otros.
Las empresas concesionarias, por lo general, no han cumplido con
los convenios establecidos con los municipios. El ejemplo más nefasto lo
constituye la empresa Interagua, adjudicataria de la concesión del agua para
distribuirla en la ciudad de Guayaquil, que se comprometió a invertir en la
infraestructura necesaria para dotar de agua potable a los barrios
urbano-marginales de la ciudad, lo cual nunca cumplió.
Tampoco pudo
garantizar la calidad del agua para el resto de la ciudad, y por eso fue
observada por la Contraloría General de la Nación que recomendó anular el
convenio con esta empresa. Sin embargo, el gobierno del presidente Rafael Correa
autorizó la continuidad de las operaciones de Interagua, contraviniendo no sólo
la opinión del contralor, sino violando la misma Constitución aprobada durante
su gobierno.
Fuentes de agua disminuidas
Otro punto en debate
es la acción de los gobiernos seccionales, en especial de las grandes urbes, que
tienden también a apropiarse de las fuentes de agua en desmedro de quienes están
en los alrededores de la ciudad. Quito es un ejemplo de esto, pues el municipio
capitalino, en su afán de proveer del líquido vital a la ciudad, no previno lo
que sucedería con los ríos que nacen en las estribaciones de las montañas que la
rodean.
El río Upano, que nace en las montañas del oriente de Quito y que
proveía de agua a la ciudad amazónica de Macas, disminuyó su caudal por la
captación de sus fuentes en la capital ecuatoriana. Ahora el Upano tampoco es un
río navegable, como lo fuera antaño.
Lo que pasa en las ciudades también
se observa en el campo, en donde existe una concentración de concesiones de
fuentes y caudales en manos de empresas agroexportadoras y latifundios. Un
ejemplo lo encontramos en Cotacachi, al norte de Quito, declarado como primer
cantón ecológico del Ecuador.
Auki Tituaña, ex alcalde de Cotacachi,
quien durante su gestión (1996-2009) realizó un gran esfuerzo en llevar una
administración basada en la ecología, nada pudo hacer para redistribuir los
caudales de agua apropiados por los hacendados de los alrededores. El actual
alcalde de este cantón, Alberto Andrango, aspira tener una ley de aguas que le
ayude a recuperar los caudales y redistribuirlos entre las comunidades, pues esa
es una tarea que se ha puesto como prioritaria en su administración, pero tal
como está el proyecto de ley, habrá pocas posibilidades de cumplir con su
objetivo.
“La ley no sanciona la concentración de concesiones”, dice
Andrango.
Concentración del uso del agua
En efecto, al no
establecer la reversión de las concesiones de agua al Estado ni poner sanciones
al uso ilegal del agua, el proyecto de ley permite que la situación actual se
mantenga, en la que, según datos de la Secretaría de Recursos Hídricos, el 55%
de los caudales es usado ilegalmente y el 65% es utilizado por apenas un 1%
entre agroexportadoras, mineros e industriales.
El uso industrial del
agua es otro de los problemas en donde se enfrentan la Constitución y las leyes
secundarias, pues mientras la Constitución establece la obligatoriedad de
proteger el agua y la naturaleza, las leyes tramitadas ignoran estos
principios.
El artículo 52 de la Ley de Recursos Hídricos habla de la
necesidad de proteger el agua y cuidar las cuencas para que no se deterioren los
caudales, así como el evitar su contaminación, pero nada dice de las sanciones
que pueden darse a quienes violan este artículo.
“El artículo 52
establece la orientación general pero no incluye el detener la contaminación y
sancionar a quienes contaminen el agua, alteren o destruyan fuentes de agua. Si
no hay sanciones, lo demás es letra muerta”, asegura Buitrón.
Los
agroexportadoras, por su parte, pueden modificar los caudales de acuerdo con sus
necesidades, e incluso pueden cambiar los ciclos de la lluvia, como sucedió con
las comunidades aledañas a la ciudad de Pujilí, en la sierra central
ecuatoriana, donde un exportador de brócoli decidió, desde hace tres años,
bombardear las nubes con químicos que provocan su dispersión y así evitar la
caída de lluvias fuertes que podrían dañar sus cultivos. Esta medida fue
implementada por todos los productores de monocultivos del sector y la falta de
lluvia secó los caudales que utilizaban las comunidades. No obstante que el juez
de Pujilí determinó la ilegalidad de la medida, las agroexportadoras no pudieron
ser sancionadas porque no existe una regulación al respecto.
“Las
comunidades afectadas deberán confiar en la palabra de los agroexportadoras,
quienes se comprometieron a no seguir con el bombardeo de nubes”, dice la
abogada Mélida Pumalpa, de la Fundación Regional de Asesoría en Derechos Humanos
(INRED), quien llevó adelante la demanda de las comunidades
afectadas.
Como si todo esto no fuese suficiente, ahora la mayor amenaza
que pesa sobre el agua la constituye la nueva Ley de Minería, que da
atribuciones sobre el uso industrial del agua pero no establece las normas que
impidan la contaminación, ni las sanciones que pueden darse a quienes la
contaminen.
El presidente Correa asegura que el agua que se utilice en la
minería será descontaminada y regresada a sus caudales originales en las mismas
condiciones en las que fue recogida. Este ofrecimiento no convence al movimiento
indígena, y por eso, tanto la ley de aguas como la ley minera motivaron la
protesta del pasado mes de setiembre, pues el agua, al igual que la tierra, son
parte esencial de su sobrevivencia como nacionalidades.
“El agua y la
candela son comunes, al igual que la sed y el frío, por eso nadie lo puede
mezquinar”, dicen los indígenas y, por las muestras de descontento dadas, están
dispuestos a hacer valer sus convicciones
http://www.noticiasaliadas.org/articles.asp?art=5993
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